A cualquiera que reflexione sobre cuatro cosas, más le hubiera valido no nacer: lo que está arriba, lo que está abajo, lo que está antes y lo que está después.

viernes 20 de noviembre de 2009

sábado 7 de noviembre de 2009

Aun tengo grabado el perfume de unas manos. Aun siento el tacto suave que las recorre y el aliento de una lágrima que no se decide a saltar. Es abismal el precipicio que nunca superas y es abismal la tentación de dejarse caer. Los unos y los ceros de tu lenguaje encriptado. El microcosmos de tu singularidad y tu sonrisa triste. También espero un milagro y sabes que no tengo fe. Puede que también espere lo imposible, que quizás sea lo mismo, no lo se.

Tiempo, tiempo, tiempo. Necesito más tiempo, y que pase más despacio, y que te acaricie y que te sienta y que me digas al oído que todo esto pasará. Abrumado por el sentido literal de la palabra nostalgia y por su acoso implacable, agotado de buscarte en cada beso, en cada rincón sin encontrarte, esperando la respuesta a la pregunta que no formulé, huyendo por no tenerte, llorando por no quedarme.

Y siempre es igual, siempre asistiendo impasible a mi propia despedida entre silencios, abrazos mudos de cercanía y besos cobardes que omiten deseos e impulsos súbitos de atraparte. Con la afilada espada de Damocles amenazando con cercenar la maltrecha cuerda que me une a las vetustas piedras que pisaron tantos ancestros a los que alabo la valentía que yo nunca tuve. Con la amenaza de alejar mucho más el haz de luz de unos ojos brillantes, de perder la esperanza, de regresar y no encontrarte.




Este texto fue escrito mientras escuchaba el disco "The Crying light", de Antony and the Johnsons

jueves 29 de octubre de 2009

La luna debajo del brazo. Lo nuevo de Quique Gonzalez



Lo tuvimos tan cerca que nunca lo vimos
lo perdimos tan fácil que valió la pena
y ahora quiero llamarte por teléfono
decirte que aunque no me diera cuenta en aquel momento
Aquello fue importante para mí

martes 13 de octubre de 2009

Las inmensas preguntas

Sin lugar a dudas, una canción excepcional. Un ejemplo de intimismo y profundidad. Cualquier músico de rock serio en este pais debería tomar a Nacho Vegas como referente.

miércoles 7 de octubre de 2009

El hombre de negro - Loquillo, Bunbury, Calamaro y Urrutia

jueves 1 de octubre de 2009

Canciones de otros

Nosotros que aprendimos a convivir con el silencio.
Nosotros que, en su lecho, aprendimos a decirnos sin palabras
todo cuanto necesitábamos saber.

Nosotros que nunca escupimos un te quiero.
Nosotros que nos esmeramos en precipitarnos de lleno.

Ahora escuchamos nuestra historia en las canciones de otros.
Y Agustín narra con soltura las letras que nos definen.
Abrazamos un delirio que quizás nunca sucedió.
Nos empeñamos en negar lo mejor que nos pasó.
Y lo repetiríamos mil veces aunque arrasáramos con todos.

Ahora tu silencio es como una tortura
Como la piedra arrastrada sobre el lodazal.
Como una elipsis anegando la memoria y la quimera
Como si siempre hubiéramos sido extraños
Como si el sentido de aquellos suspiros fuera
que yo pudiera respirar.




sábado 12 de septiembre de 2009

Alicia, por Tim Burton

lunes 31 de agosto de 2009

Maldita dulzura

un sueño dice ser el ancla varada en el desierto febril de mi imaginación, no tanto el sol que golpea feroz en el grumoso recuerdo de una noche oscura que pasó. Tal vez sean mis pies capturados por el ardiente asfalto los que no lograrán encontrar aquel último amanecer y el abrazo que escondió las palabras tristes y la promesa inaccesible de tu ternura. Maldita dulzura la tuya, que me apresa, con un hilo indeleble que expulsa lo efímero de mi vida y de la nuestra, a una derrota, a una sonrisa y a una respuesta. Mientras, en ese mismo desierto, construyo y destruyo mil veces el mismo castillo de arena, intentando reproducir la playa de mi ausencia, buscando el momento en el que seas algo más que un fantasma dentro de mi cabeza. Maldita dulzura la nuestra.


martes 18 de agosto de 2009

El hombre observa la fuente azul.
No encuentra la fórmula que delimite sus brillos.
Ahora entiende los motivos de su tristeza.
Y la serena metáfora de lo inabarcable.

...

domingo 16 de agosto de 2009

lunes 27 de julio de 2009

Polaroid (II)

Ahora tan solo puedo aferrarme a una foto robada que alguien capturó para mi vergüenza, para restregarme su maldita suerte por la cara y recordarme todos los sitios en los que nunca estuve contigo y todos los amaneceres que perdimos.
En ella puedo ver cómo se cuela tímido un mar mestizo que juguetea con las nubes, difuminando, con una neblina blanquecina que recuerda a esas viejas fotografías que han perdido su color original, las montañas repletas de árboles que dibujan el contorno sinuoso que delimita el cauce del río. Antiguos edificios de viviendas salpican la ribera dando al conjunto un zafio contraste entre naturaleza y urbanidad. Realmente apetece coger una grúa y destruir cualquier indicio visible de domesticación del paisaje.
Apareces posando en primer plano, vergonzosa y con la cabeza gacha. Pareces una modelo del catalogo de Venca, con esa ropa más apropiada para una isla y su frivolidad que para contener el viento del Cantábrico, sin pensar que un par de años después te observaría a todas horas como quien deposita su fe en una estampa religiosa arrugada y descolorida. Siempre fuiste así: dulce belleza sin pretensiones.
Tu pelo, enredado y voluminoso, define la humedad del norte al que siempre quiero volver. Dibujas una sutil media sonrisa que me dice con claridad que tu mente está en otra parte. Yo fantaseo con la remota posibilidad de que estés pensando en mí y en cómo sería ese norte a mi lado, en aquel pequeño pueblo junto al mar, en aquella casa junto al puerto pesquero y en el sabor de sus pescados, sin la incordiosa obligación de comer la pizza con cuchillo y tenedor.
Detrás de ti pasean, ajenas a la trascendencia del momento que acaban de compartir, dos mujeres de mediana edad que charlan de sus cosas, desgranando los detalles de una vida que imagino casi tan mediocre e insignificante cómo las nuestras. Me paro a pensar en las fotos en las que apareceremos por error, al igual que estas dos mujeres. Los momentos íntimos que compartiremos de por vida con extraños a los que nunca llegaremos a conocer. Quizás nuestra alma quede desperdigada por todas esas imágenes robadas y llegue un momento en que no seamos sino parte de la vida de otros y no quede nada para nosotros. Quizás en ese momento, para tener una propia, tengamos que alimentarnos del espíritu de las personas que aparezcan en nuestras fotos y de los recuerdos que nunca vivimos.
Puede ser que un día alguien se percate de nuestra presencia en ese pequeño recorte de su vida, escondidos al fondo de cualquier paisaje, o delimitando el horizonte con la mano levantada en señal de adiós. Tal vez en ese instante de atención podamos reunir la fuerza suficiente para gritar todo lo que habíamos callado, con la ingenua intención de evaporarnos y desaparecer de una foto en la que nunca debimos estar. Ni tú ni yo.

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Polaroid (I)

Ahora por fin sé cual es mi lugar en toda esta maraña, que pieza soy del puzzle sin armar que abandonaste bajo la cama de tu piso de alquiler en aquella ciudad que se quemaba bajo el sol abrasador. Por fin asumo, con un escalofrío terrible, que tu vida es feliz sin mí, que tu sonrisa en aquella playa es verdadera a pesar de que yo no estuviera en ella, y que jamás apareceré en todas esas fotos que explican tu vida por mucho que las mire una y otra vez como un enfermo que ya solo puede divagar y esperar un encuentro que nunca llegará.
Pero es tan triste perderse en ellas que ejercen sobre mí una influencia mágica que me impide alejar la vista hacía otro lado, dejar de pensar en el fantasma que habita tras la cámara, en el ojo que las ha capturado y en esa maravillosa sensación de tenerte cerca, tan olvidada ya para mí.
Donde estarán las imágenes de aquellas tardes que pasamos juntos, mirándonos en silencio sin saber que decir. Quizás se perdieron en la clandestinidad de los recuerdos que ingenuamente nos empeñamos en borrar. Yo ya sólo puedo saber que nunca estuve y que nunca estaré. Que soy la sombra de la que te deshaces para poder tomar el sol sin obstáculos y dorar esa piel suave que un día acaricié. Que equivocado estuve al pensar que solo usabas tu disfraz cuando no estabas conmigo, que no podías fingir tan bien, que era imposible. Sin embargo era al revés, y ahora no sé cuantas de tus palabras fueron verdad y cuantas mentira. Así que seguiré mirando tus fotos con la esperanza de aparecer algún día en ellas. Aunque sea asomado al horizonte moviendo la mano en señal de adiós.

Valiente

A veces no soy yo, busco un disfraz mejor...

martes 30 de junio de 2009

España negra

Copio y pego de El cuaderno de Saramago

Junio 29, 2009 by José Saramago

La España negra es el título de un libro del pintor José Gutiérrez Solana (1886-1945) de lectura a veces difícil y siempre incómoda, no por razones de estilo o de lo inédito de la construcción sintáctica, sino por la brutalidad del retrato de España que traza y que no es otra cosa que la transposición de su pintura para la página escrita, una pintura que ha sido clasificada como lúgubre y “feísta”, en la que refleja la atmosfera de degradación de la España rural de la época, mostrada en cuadros que no retrocede ante la expresión de lo más atroz, obsceno y cruel que existe en los comportamientos humanos. Influenciado por el tenebrismo barroco, en especial por Valdés Leal, es también evidente la impresión que sobre él ejercieron las pinturas negras de Goya. La España de Gutiérrez Solana es sórdida y grotesca en el más alto grado imaginable, porque eso fue lo que encontró en las llamadas fiestas populares y en los usos y costumbres de su país.

Hoy, España no es así, se ha convertido en un lugar desarrollado y culto, capaz de dar lecciones al mundo en muchos aspectos de la vida social, objetará el lector de estas líneas. No niego que puede tener razón en la Castellana, en las salas del museo del Prado, en el barrio de Salamanca o en las ramblas de Barcelona, pero no faltan por ahí lugares donde Gutiérrez Solana, si viviera, podría colocar su caballete para pintar con las mismas tintas las mismísimas pinturas. Me refiero a esas villas y ciudades donde, por subscripción pública o con apoyo material de los ayuntamientos, se adquieren toros a las ganaderías para gozo y disfrute de la población con motivo de las fiestas populares. El gozo y el disfrute no consisten en matar al animal y distribuir los filetes entre los más necesitados. Pese al desempleo, el pueblo español se alimenta bien sin favores de esos. El gozo y el disfrute tienen otro nombre. Cubierto de sangre, atravesado de lado a lado por lanzas, tal vez quemado por las banderillas de fuego que en el siglo XVIII se usaron en Portugal, empujado al mar para que allí perezca ahogado, el toro será torturado hasta la muerte. Los niños en brazos de las madres baten palmas, los maridos, excitados, palpan a las excitadas esposas y, en silencio alguna que no lo sea, el pueblo es feliz mientras el toro intenta huir de sus verdugos dejando tras de sí regueros de sangre. Es atroz, es cruel, es obsceno. ¿Pero eso qué importa si Cristiano Ronaldo va a jugar en el Real Madrid? ¿Qué importa eso en un momento en que el mundo entero llora la muerte de Michael Jackson? ¿Qué importa que una ciudad haga de la tortura premeditada de un animal indefenso una fiesta colectiva que se repetirá, implacablemente, al año siguiente? ¿Es esto cultura? ¿Es esto civilización? ¿No será simple barbarie?

Al final te estaré esperando

Preciosa canción inédita de Nacho Vegas y mensaje.